Hoy en día se habla mucho de proyecciones y oímos decir, «estás proyectando» y cosas así. Me alegra que hablemos de ello, porque la experiencia me ha enseñado que rara vez vemos a los demás y a lo mejor es imposible hacerlo. Percibimos al mundo desde nuestro lugar único en el universo donde tendemos a ver ciertas cosas según lo que hemos vivido y como todo punto de vista, tenemos puntos ciegos. Puntos ciegos. Con esto quiero decir que literalmente hay cosas en nuestra realidad que no percibimos, así queramos, cosas que se nos escapan sobre el mundo y sobre les otres. Justamente, aquello que no vemos en el mundo es, en últimas, lo que no hemos podido reconocer en nosotres, es nuestra sombra. El día en que podamos abrazar cada infinitesimal parte de nosotros, entonces podremos ver al mundo enteramente, pero para ese entonces será bastante evidente que yo y tú, y las ballenas y los sauces, somo uno.
Dos tipos de experiencias en mi vida me mostraron que estaba, como todes, en los caminos complicados de la proyección.
Cuando viajé a España para hacer el Camino de Santiago, una aventura de la que les conté en muchas entradas de este blog, encontré una persona que hizo fuertes proyecciones sobre mí. Viendo mi capacidad de anteponerme ante la adversidad, mi resiliencia que es muy real, y determinación, mi disciplina, mi fuerza de voluntad, esta amistad proyectó algo sobre mí: que si estaba cerca a mí, iba a ser también como yo, iba a terminar poryectos, hacer cosas, moverse, crecer. La premisa parece sólida, pues efectivamente tengo esas cualidades en mí. Pero la falla estuvo en pensar que yo era solo eso, y exigirme solo eso, pedirme ser eso en tiempo completo, sin aceptar los muchos otros lados de mí que no son eso, que son débiles, que dudan de sí, que tienen miedo, que están enfermos. Después del Camino, convivimos juntes, y un gran decepción apareció de su parte. Resultó que aunque sí tengo cualidades de resiliencia, disciplina, liderazgo y una infinita fuente de energía, estas cualidades no florecen en todo lugar, ellas, como un regalo que hay que cultivar, piden condiciones especiales para florecer, condiciones que ni yo misme sabía con claridad.
Al final, proyectar sobre los otros es como prohibirles que sean algo más que lo que les exigimos ser. Es la imposibilidad de dejar que la persona se desenvuelva en todas sus formas inesperadas frente a nosotros, algunas de ellas, formas que no nos gustan o no queremos o podemos aceptar. Hay un deseo de controlar al otro a través de «saber quién es», categorizarle, poderle en una casilla. Así, la ilusión es que al tener a la persona bajo control, por así decir, podemos preveer cuándo y cómo nos va a herir para que nunca pase.
¿Cómo sería un mundo donde no le exijo al otro ser nada más que sí mismo, su ser dinámico y cambiante?
En el contexto del Diseño Humano, yo particularmente tengo un perfil que se llama la línea 3:5, el gran experimentador de la vida. El número 5 de esa línea significa que las personas durante mi vida van a proyectar todo tipo de cosas sobre mí y sobre lo que les puedo dar, cómo les puedo «servir.» Esto pasa porque tendemos a ser misteriosos y reservados en ciertos sentidos (incluso cuando hablo de mi historia de vida aquí y en todas partes) de tal manera que las personas llenan los espacios vacíos como se les ocurre. Poniendo sus proyecciones sobre lo que somos según su punto de vista.
También en el Camino de Santiago, me topé con una amistad que había proyectado en mí la persona todoterreno y aventurera que siempre he tendido a ser. Pero cuando se dio cuenta de mi lado que no es eso, mi parte que tiene diferentes enfermedades crónicas que afectan mi cuerpo de manera brutal, sintió una profunda decepción y casi desdén o desagrado de mi ser «débil.» El problema de las proyecciones, especialmente para esa línea 5 de la que les mencioné, es que cuando no satisfacemos las proyecciones de los demás o cuando hemos satisfecho lo que ellos proyectaban en nosotros para un beneficio particular que ya se sació, las personas nos abadonan, causando una herida profunda que afecta nuestra autoestima y confianza en el mundo.
¿Cómo sería un mundo en el que honestamente le hablamos a nuestres amigues de los lugares en ellos que nos han causado decepción, pero haciéndonos cargo de nuestras propias expectativas, de por qué esperamos que alguien sea de cierta forma o nos dé cierta cosa?
La otra manera en la que he experimentado proyecciones es desde mi hacia les otres, por supuesto. Rebelde, apasionado, obsesive, y con altísimos estándares hacia mí y hacia otres, yo, igualmente, experimento constante frustación hacia otres cuando no recuerdo que no todas las personas son ni deben ser como yo. La práctica cotidiana de aceptación radical de lo que soy yo y de lo que son les otres (gran parte de lo cual ni siquiera puedo acceder), es lo único que me permite estar en el presente.
¿Cómo sería una vida en la que la única expectativa que tenemos es que el universo funciona en favor nuestro aunque al momento no siempre lo parezca?
Una de las cosas que me trajo hace quince años hacia la espiritualidad, después de identificarme en mi juventud como agnóstico e incluso escéptico, fue el hecho de que la manera en la que experimento el mundo, mis emociones gigantes, mis reacciones corporales, mi sistema nervioso, entre otras, es inconmensurable con la experiencia de vida que he tenido en esta encarnación. La única manera de hacer sentido a mi experiencia de vida ha sido comprender que he vivido en otros lugares, en otros tiempos, incluso en otros planetas (puedes consultar literatura sobre las semillas estelares) que también hacen parte de quien son aquí. Por eso sé, por ejemplo, que mi presencia puede transmitir calma (como varias personas me lo han dicho) entre otras cosas debido a mi conexión ancestral con Alpha Centauri.
Al final, si eso de las proyecciones es algo que no podemos evitar completamente, a lo mejor una buena salida es investigar continuamente con cuáles proyeccciones te quieres relacionar y con cuáles no, cuándo y cómo. Por mi parte, me gusta saber que puedo transmitirle tranquilidad y serenidad a otres, así que mi labor es trabajar en mi estado mental y energético lo mejor que pueda para poder ofrecer esa presencia de manera constante, pero no quiero que se me requiera serlo, sino que se vea como un regalo, como un don, como un plus. Quiero ser amado por exisstir, no por servir, y al ser aceptado, mi servicio se vuelve más poderoso, porque viene del corazón. También me gusta ser visto como alguien capaz, focalizado, apasionado, pero prefiero que se me dé el espacio para caer en medio de la caminata, de expresar mi dolor, de ser en muchas instancias quien necesita ayuda y no quien inspira todo el tiempo a les otres.
¿Y tú? ¿Qué proyectas? Qué te dejas proyectar?