los lápices de la infancia

he estado pintando últimamente. arreglé mi estudio de arte para darle a mi parte creativa el espacio que necesita para jugar y expresarse. fui a comprar cosas para crear, colores, tintas, papeles, y desempolvé las pocas cosas que tenía ya.

resulta que conservo aún los colores que usé en mi infancia, lo queda de ellos. esos que utilicé en mi colegio, y que viven dentro de la cartuchera que usé en mi secundaria. hoy, me detuve un momento a pensar. ¿cómo llegaron estos lápices aquí? después de dejar mi vida en bogotá en el 2017 para vivir mi aventura en este país, todavía no me cabe que de todas las cosas que me llevé en mi mudanza a este lugar lejano me haya traído mis colores y lápices de la infancia.

la primera vez que visité colombia después de haber inmigrado fue terriblemente difícil. no me hacían sentido los lugares, no sabía cómo moverme, me parecía todo del tamaño equivocado, y no había pasado mucho tiempo. además de las ambiciones académicas, empecé a entender que extender distancia entre mi infancia y mi adultez era algo que necesitaba para sanar. la pasé muy mal en esa visita, no quería ver a mis familiares abusivos y violentos, tenía una amistad extraña que no me hacía bien con uno de mis exes, y todo estaba mal. recuerdo llorar como adolescente en mi cama de infancia y no querer salir. sentirme atrapade, querer gritar. todo lo que necesitaba sanar se destapó en frente como una erupción de volcán.

la segunda vez que visité colombia, o tal vez la tercera, había hecho un trabajo muy intenso de sanación. de repente, al aterrizar, todo me pareció familiar y navegable, pude rentar mi propio apartamento y ver solo a quienes yo quería. me sentí en paz. solo, sí, pero en paz. pude disfrutar los lugares, saborear las comidas y tener momentos con mi familia elegida que estuvieron llenos de mucha dicha.

ahora aquí estoy, casi ocho años después, pintando con los lápices de mi infancia.

experimentos de media tarde

tal y como me han dicho otres o tal vez he leído en algún lado, la sanación es como un camino de espiral. no es que estés volviendo al mismo tema, sino que esta vez la espiral va más adentro, sanando a otro nivel que parece similar, pero no es exactamente lo mismo.

mientras utilizo el tajalápiz del cole para afilar los colores que viven en mi cartuchera de infancia, me echo a llorar por la niña asustada que fui. lloro por su baja autoestima y el poco valor que se dio a sí misma, la veo en mí. y a medida que pinto ese dolor se va disolviendo entre el color y la música, el sol que entra por la ventana y la nieve de afuera.

a través de mis lápices de la infancia, vuelvo a mí. me rescato del pasado para traerme al ahora y llevarnos al futuro. navegado entre cohetes espaciales y trajes de astronauta, mi niña y yo, conquistamos planetas lejanos.


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