recuerdo de pequeño estar en el colegio y tener que ir a ver a la psicóloga porque mis profesores decían que sufría de demasiada ansiedad.
la mujer me vio y dijo que estaba bien. no sé. nunca me volvió a ver.
la primera vez que mi ansiedad me asustó de veras fue cuando me fui de mi casa de infancia por segunda vez. no me iba porque me fuera a casar y tener hijos, no me mudaba a otro país todavía. nada de eso. me iba porque la opresión y las peleas, ya no las pude soportar. de alguna forma, sentí que no tenía alternativa sino irme, fui expulsade.
conseguí un trabajo apenas pude y así fue que empaqué mis pocas cosas y me fui. después de la reacción difícil, pues me puedo imaginar lo doloroso que es para los padres aceptar estos procesos, y más peleas, mi familia me apoyó en la mundanza y me acompañó a hacer el trasteo. renté un estudio lindo en un barrio que se llama chapinero, en un piso alto, tal vez séptimo. era pequeñito, pero era mío. me hacía mucha ilusión. era la primera vez que iba a vivir sole.
la primera noche, durmiendo en mi nuevo apartamento, en la oscuridad profunda de la noche, los carros de fondo, el televisor prendido, sentí una angustia devoradora que fue el comienzo de la intensificación de mi desorden de ansiedad. de alguna manera, me vi huérfano en el mundo, y un profundo terror se apoderó de mí.
los síntomas, que ahora conozco como la palma de mi mano, aparecieron: palpitaciones, dolor de pecho, respiración superficial y agitada, neblina mental, músculos tensos, insomnio. mi amada ansiedad había llegado para quedarse. serán ya quince años más o menos.
por supuesto, migrar a otro país me generó el mismo sentimiento de agustia. no tener a nadie, estar completamente solo. mi amada ansiedad siguió manifestándose, intensificándose, mi cuerpo sufriendo los resultados, el dolor crónico, el sistema nervioso siempre en alerta.
después de tantos años con mi amada ansiedad, he aprendido a dialogar con ella. la llamo ‘amada’ no irónicamente, empecé a verla así cuando me senté con ella y le pregunté de su origen.
amada ansiedad, por qué estás aquí y qué necesitas.
estoy aquí para reemplazar a tus padres. ahora estamos solos, y si algo pasa, si te relajas y algo pasa, nos podemos morir, y yo no voy a dejar que eso suceda, me dijo.
si vas a la universidad y tu despertador no funciona, nadie va a despertarte.
si vas a viajar y no estás alerta, puedes perder el vuelo, y nadie va a rescatarte.
soy tu nuevo pariente, el adulto a cargo, me dijo ella.
escucharla me dio un profundo amor y agradecimiento, una profunda tristeza también. mi amada ansiedad intenta ayudarme, ella piensa que lo que hace es lo que necesito.
uno de estos días, le mostré cómo gracias a ella he aprendido a prepararme muy bien. dejo varios despertadores, alisto todo con antelación, he crecido en un adulto muy organizado, le dije.
le tomé sus manitas y le mostré todo lo que hemos logrado en estos quince años, los hábitos que hemos formado, todas las cosas. y también le mostré que cuando hemos tenido inconvenientes, yo he podido solucionarlos, aunque cueste, y he tenido personas a mi alrededor que, aunque no viven con nosotros, nos pueden y nos han prestado ayuda.
ese día, le propuse a mi ansiedad si quería cambiar de trabajo.
le dije que apreciaba mucho su cuidado, pero que mi cuerpo ya no daba más. la tensión es demasiada y me ha deteriorado mucho mi cuerpo y mi salud.
¿qué te gustaría hacer, si no fuera lo que haces ahora?
y ella pareció interesada.
dice que le gustaría ayudarme a planear para que todo nos salga bien.
le dije que era una gran idea, porque de hecho, a veces, con su fuerte presencia, no puedo pensar con claridad, lo que no me ayuda a resolver problemas de manera efectiva.
ella dijo que sí, que puede que ahora le guste más ayudarme a planear de manera más pausada y en calma, y así seguir enfrentando la vida juntas, con buenos resultados.
y ahí vamos. así está mi amada ansiedad por estos días.
¿y la tuya?
