Mensaje desde el mar

Una notita que escribí en Palomino el año pasado. Tiene una vibración muy bonita, así que la comparto para que te eleve el corazón.

Hay una gran maestría en permitirse sentir, disfrutar de la vida. Como tantas otras veces, siguiendo mi tripa, me embarqué en un viaje. Como las otras veces, no conocía el lugar. Más bien, tenía imágenes que mi mente y mis sueños me habían dado.

Como otras veces, llegué y sentí angustia porque mis expectativas parecían no cumplirse y, como siempre he hecho, dormí, recé, respiré, sabiendo que al día siguiente o al siguiente, algo se me iba a ocurrir, algo que mi espíritu luminoso, positivo y guerrero me revelaría.

Así fue cuando viajé a Nepal. Después de un épico viaje de 36 horas, llegué a un lugar totalmente desconocido y apabullante. Mi expectativa era subir al campo base, pero no sabía nada; me había ido a lo desconocido de cabeza. Había conseguido un cuarto en un pueblo cerca a la montaña y por la noche comenzó a llover. Era la lluvia del fin del mundo. Llovía y llovía con violencia. Claro, los monzones. No se me ocurrió consultar el clima. Al día siguiente, saldría a caminar por los Himalayas y, al ver la lluvia, se me ocurrió si me iba a morir, si tal vez había ido allí a morirme. Al final llegué al campo base, con la soledad, los encuentros furtivos, las sanguijuelas, los precipicios, y la sonora y sensorial compañía de la lluvia.

¿Qué es diferente ahora que, una vez más, llego a lo desconocido? Esta vez tengo la compañía de mi alma gemela perruna. Tal vez ahora sí comprendo lo que dice uno de mis maestros: «las circunstancias no importan, solo el estado del ser». Sin importar lo que pase en el mundo cuando salto al vacío, siempre tengo todo lo que necesito, siempre estoy en el lugar correcto. ¿Por qué? Porque así lo decreto y mis creencias crean mi realidad, no al revés.

«El futuro y el pasado solo son ilusiones, solo existe el presente», dice también. Estoy aquí y tal vez las circunstancias no fueron exactamente lo que esperaba (tuve que cambiarme de lugar, por ejemplo). No importa. La vida me invita a disfrutar, a descansar, a ir lento, simple.

Como muchos de nosotros, este año (2025) he hecho mucho trabajo interior y di un salto cuántico. Ahora mis ancestros me arrullan. Ellos me dicen: lo hiciste. Descansa y échate a dormir. Sigue tu pasión. Respira. No hay más que hacer. Todo está bien. Todo está como debe ser.


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